Empezó muy pronto, cuando la desdicha se cruzó en su camino. Eso es lo que pensaba. Aunque, más bien, ambos se quisieron desde el primer día, como un amor a primera vista, sin conocerse, sin referencias y muy liberal. Eran inevitables y recurrentes los escarceos con el amante de las medianoches: la fatalidad. Esa que te acaricia el pelo para relajarte, para enternecerte… para asestarte el golpe mortal.
Malvivía a cuenta. Con deudas y chascarrillos. “Ya te pagaré todo lo que te debo”. A veces, daba muestras de una infinita generosidad: “Y te voy a hacer un regalo por lo bien que te has portado estos años. No te quepa duda.” A pesar de su enemistad con el mundo, aún mantenía una esperanza exterior de que las cosas cambiarían. Simple apariencia interesada. Otras veces, el rencor le cegaba con el control de las buenas formas: “¿Serás hijo de puta? ¡Soy tu mejor cliente!”.Había demasiadas hojas de bloc por toda la ciudad con su nombre y apellidos seguido de una lista de números con deudas económicas por pagar. Básicamente, era equitativo y transitivo. Él también tenía un bloc dónde el azar (con nombre y apellidos) aparecía bajo otra lista de números con todas las veces que había sufrido innumerables desagravios. Es por eso que convenía ser ordenado en tiempo, espacio y en cantidad económica. Así que, mientras el azar se decidía a devolver lo robado, seguía dejando que escribiesen sus datos y sus atrasos por cualquier lugar con tal de sobrevivir. Con mentiras y falsas promesas. Claro que el azar era astuto, incluso usaba sus artimañas disuasorias. “Ya te pagaré lo que te debo”. Su credibilidad fue disminuyendo hasta el punto de tener que recurrir al maldito énfasis: “¡Joder! ¡No vayas a hacer ninguna locura! Tranquilízate, cree en mí”. Ya era tarde.
De joven soñaba en un futuro fascinante e indescriptible para un texto. Tan emocionante, tan bello y tan apasionante que no existían palabras para encerrar todo lo que cabía en ese maravilloso subconsciente. Por más que se esforzase en describirlo, no sabría. Tanto alfabeto, tantas combinaciones y se quedaría corto e impreciso. Ahora, observa tantas letras, palabras, tantos idiomas, tantos lenguajes, tantos signos… Todo es más fácil cuando no hay nada más que decir.
Mis compadres me deben 20 EUROS.
ResponderEliminarCuriosa forma de anudar palabras y de entretejer ideas.
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