miércoles, 17 de noviembre de 2010

Never late

'What on earth are you doing in my garden?' Paul was so surprised by the voice he nearly lost his balance and fell into the hole. Samantha looked round in astonishment and felt her stomach tighten. The man was standing 10 metres from theirselves.

The situation became dangerous. They could not explain the truth. He could not understand and the worst thing, they also did not know how to explain until they had opened the box. It would be hard to believe a story which involves digging a hole with a spade on your own garden.

'Samantha, run! Come on! Go! Go! Go! Move!' They ran so quickly. The owner seemed to be very old so he could not ever dreamed of catching them. It was a good luck stick - for once in their lives.

They drove the car at least fifty miles away from that dramatical place where Paul had lived 20 years ago. Long-forgotten memories came back to him while he was driving. Moreover, his childhood was marked by unhappy events which ocurred there.

Paul stopped the car in a service area. 'My father told me to dig the hole and to be extremely careful' said Paul. His father died 2 days ago and those were his last words. As a precaution, they looked around. They had picked-up a box in the garden they were aware of the possible danger. There was nobody outside. No lights. No cars. Just the two. Then, he opened the box. Inmediately, he recognized his father's handwriting and the message:

'I'm sorry'



jueves, 5 de agosto de 2010

Así es la vida

Deben pensar que es contradictorio lo de prepararse para un crimen y escuchar a Frank Sinatra. Igual escuchar a Tom Waits, Nirvana o alguien que transmita más negatividad es lo apropiado para la mayoría de los asesinatos. La música apropiada es ésta. Y no por el historial delictivo de Francis Albert o sus consabidas relaciones con la mafia. Eso me la resbala. Frank sigue perdurando a través del tiempo y me regaló su voz cuando trató de advertirme que las mujeres, sin excepción, son unas malditas busconas, que Nueva York es parte de todos nosotros, aún no habiendo estado jamás. Es el aperitivo perfecto para equilibrar las balanzas. Es el Martini con aceituna en las fiestas de la antigua Roma de los años sesenta. Sinatra es la paz que necesito para quitar de mi vista a la última que me va a hacer daño. Y echo de menos estar tranquilo.

Me gustaría ponerme sombrero, llevar un bonito traje, una buena pitillera, una enigmática sonrisa y con ello demostrar el talento que tengo como orador. Pero el siglo ventiuno ha conseguido que me avergüence de mi mismo. Después de cincuenta años este aspecto se ha tornado en un miserable disfraz. En una caricatura. 'Vintage'. Así lo llaman. Este mundo moderno se ha cepillado a todo lo que valía la pena y a mí me he deshecho en una escoria. Basta con unos cuantos músculos, un peinado hortera y unos cuantos gritos sin chispa. Poco más. Lo único que puede convivir con todo esto es lo imperdurable. Lo irrenunciable. Frank Sinatra.

Ella me hizo sentir un hombre distinto. Como todas al principio. Hoy ella va a sentir lo que es final. Y esta vez sí. Será a mi manera.

sábado, 12 de junio de 2010

Me basta sólo con mirar

Estoy harto de leer. Hoy me he decidido a pasar al otro lado con el propósito de no asombrar ni la de diseñar una maraña complicada de dobles o triples sentidos. Mejor, ninguno. Esa es toda la caridad que me puedo exigir.

Me encontraba tumbado contemplando un espantoso submundo ajeno: restos de copas, de botellas a medio acabar, colillas por todas partes, ropa por el suelo, platos sin fregar. No había nada positivo, exceptuando la soledad. Que se había mutado de colores tal y cómo lo hacía el olor de toda esa inmundicia con el transcurso de las horas. Eso era. No era una soledad tal y como se entiende de verdad. Al instante noté un suave mordisqueo en mi brazo. Primeros recuerdos. Anoche, con copas de más (más bien de menos) me instaron cortésmente a echar un polvo. Y, cuando se tramita estos asuntos con tanto respeto y cordialidad, se tiende a cobrar el acto mediante chispazos de deshonestidad con tantos fallidos amagos. Es así como no conseguí regalar coito alguno. Segundos recuerdos. Creé un holograma mental de la chica. Miré de reojo. “¡Joder!”. De nuevo movimientos y ahora además balbuceos. Tuve que ser más sigiloso, no debía despertarse del todo. Tercer recuerdo. Éste más lejano pero acertado de un gran amigo: “Hay que dejar siempre una puerta abierta en todas las situaciones conflictivas… para poder huir”. Sin duda, preferiría estar en un hospital recibiendo asistencia por alcoholismo. Que es lo que muchas veces pienso que debería haber hecho.
Es así como resolví el acertijo. Estaba en un estudio de mierda. Jaulas del nuevo siglo: cocina, salón, dormitorio y basura integrada en un mismo todo. Además, que la palabra no le va a la zaga, “estudio”. ¿Quién puede estudiar en un sitio destrozado por una noche de sábado y con una chica con tan poca suerte? El clima invitaba a buscar el desayuno en cualquier otra parte. Aún así, le eché valor a la situación y, con maniobras de escapismo, dignas de Houdini, salí de la cama. Hacía calor, creo que todavía podía sudar más alcohol. Pensé en algo frío, fresco. Abrí el frigorífico. Vacío. Así que, pasadas las doce, hice lo más conveniente. Ella se despertó y no tuve más remedio. Primero un beso de amor más falso que el que se dan los novios en las bodas. Luego pregunté a mi amor cómo se encontraba.

Últimos recuerdos. Era mi novia. Era mi casa. Anoche hicimos dos años.