- ¿Ya? Pensaba que habíamos venido al restaurante a contar las mesas.
- ¡Joder!, ¡qué mala hostia siempre!
- Relájate un poco y pide de una puta vez.
- ¿Qué quieres?
- Me da igual.
- Ya estamos…
- ¿Ya estamos qué? ¿Quiénes estamos?
- ¿Te apetece carne o pescado?
- Me da igual.
- ¡Joder!, así es imposible.
- ¿Imposible?
- Mira, voy a pedir el surtido variado de tapas que tienen, porque ya empiezo a estar hasta los huevos.
- Oye, ¿pedimos ya?
- No tengo hambre.
- ¿Cómo que no tienes hambre? ¡Joder!, que hemos quedado para comer. Cuando dos personas quedan para comer, lo normal es que coman.
- Pues, lo siento de verdad, pide tú lo que te apetezca, en serio. No me entra nada en el estómago.
- Alucino.
- Por favor, no te enfades, es que es cierto. No veo el modo de comer, creo que es por la regla.
- ¿La regla?
- Sí, que tiene que estar al llegar. Aunque quizá no sé, no estoy segura de nada. Estoy hecha un lío.

- Sí, un desastre. No sé tio…
- ¿Se puede saber de qué va toda esta mierda?
- Por favor, no hables así.
- ¿Así? Hablo como me da la gana y más aún viendo cómo estás con tu cabeza sobre el infinito diciendo chorradas. ¿Se puede saber qué coño te pasa?
- Mira, no te puedo engañar más. Resulta que…
- No me puedo creer lo que me vas a decir.
- ¿Lo sabías?
- ¿Cómo? Me estás diciendo que te has liado con otro.
- ¿¿¿Qué??? Bueno, no, pero…
- ¿Entonces?
- Estoy enamorada de otra persona. Lo siento, no lo he podido controlar. Ni he querido hacerlo.
- ¿Pero qué me estás contando?
- Eso.
- ¡Joder! O sea, que me has mentido y me has tratado como una puta cucaracha durante todo este tiempo. ¡Joder!
- Por favor, no golpees la mesa. Nos están mirando.
- ¡Joder! ¿Cómo has podido?
- No es poder ni no poder.
- ¿Quién?
- ¿Quién qué?
- Pues, ¡joder! ¿Quién me la está pegando? Lo conozco seguro y tú me lo vas a decir en seguida.
- A ver… Primero, te relajas y dejas de dar golpes con todo. Nos están mirando.
- El puto Santi, seguro.
- No, no. Santi es muy bueno y majo pero no, por favor, no metas a Santi.
- Pues tú dirás. ¿Quién coño me la ha pegado?
- Alicia.
- ¿Qué pasa con Alicia? Ya lo decía yo, que saliendo con ese putón verbenero nada más que encontrarías problemas. Os habéis ido buscando tios cada vez que salís, yo lo sé. ¡Joder!
- ¿Cómo? Te equivocas por completo. Y vas a retirar eso. Alicia es de quien estoy enamorada.
- ¿Cómo?
- Sí. Eso.
- ¿Enamorada? ¿O sea, que he estado saliendo con una puta bollera?
- Ya está bien, eres un capullo. Capullo integral.
- Mira, voy a pedir el surtido variado de tapas que tienen, porque ya empiezo a estar hasta los huevos.
- Oye, ¿pedimos ya?
- Pues como quieras.
- No, como quieras tú también.
- Sí, sí, pedimos.
- ¿Pedir qué?
- No sé, yo me adapto fácilmente. Me gusta todo y me entra todo bien.
- ¿Pero de algo tendrás más ganas no?
- No, especialmente.
- Este es un restaurante de tapas, de todo tipo. Se puede pedir pescado, carne, verdura, etcétera. Hay de todo. Si hemos venido es para elegir. Si no, habríamos ido al italiano, al de carne, al de pescado… ¿Entiendes?
- Sí.
- Pues venga, adelante.
- Es difícil de explicar, pero te prometo que me da igual.
- ¡Joder!
- No te pongas así, tampoco es para tanto.
- ¡Joder! Qué difícil es tener decisión en este mundo.
- Bueno, pide un montadito de lomo, una ración de boquerones y una ensalada. Pedimos de todo y no hay problemas.
- ¡Joder! Me sacas de quicio, me harta que estés siempre a mi merced. Que actúes para no darme problemas, que no tengas nada que aportarme. Que intentes que esté bien sólo porque sí. ¿No te das cuenta? Me aburre tu personalidad, tu forma de ser. Eres patética. Y ya era hora que te lo dijera.
- Pero.
- Sí, pero es un pero muy grande.
- ¿Se te ha ido la olla?
- Mira, voy a pedir el surtido variado de tapas que tienen, porque ya empiezo a estar hasta los huevos.